¿EXISTIÓ UN ROMANCE ENTRE FRANCISCO DE
MIRANDA Y CATALINA II DE RUSIA?
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
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Francisco de Miranda en su infatigable lucha
por la independencia americana llevo una vida agitadísima, colmada de
aventuras, de viajes constantes e intempestivos a los más recónditos y exóticos
parajes del mundo de su época; con grandes triunfos y estrepitosas derrotas diplomáticas
y militares; intrigas políticas; nocturnos y voluptuosos festines palaciegos,
departiendo con insignificantes personas y prohombres de negocios.
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Sus
victorias amorosas, junto a su actividad siempre galante ante las más disímiles
mujeres, meretrices, doncellas o cortesanas, configuran el donjuanesco capítulo
que complementa y adorna su patriótica, pintoresca y novelesca biografía con una
trama de suspenso mayor al de una telenovela.
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Los propósitos
y la lógica del itinerario de Miranda lo llevaron hasta las frías estepas del
flamante imperio ruso, donde la existencia de una arraigada y encopetada
nobleza con sus exigentes tratamientos lo obligo autotitularse el Conde de
Miranda para igualar la etiqueta.
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Rusia
fue el primer país que apoyo las actividades de Miranda para la emancipación de
las colonias españolas. Sin embargo, la visita de Miranda a ese país se asocia
más a unas supuestas relaciones amorosas con Catalina II y que muchos
comentamos con esa picardía machista del venezolano.
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Catalina
II, una alemana que por esas casualidades del destino llego a ser zarina de
todas “Las Rusias,” hizo de Miranda su grato huésped, rindiéndole los máximos
honores, no vacilando en recibirlo, muchas veces, en sus íntimos aposentos.
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Estos
hechos y la fama de Catalina como mujer insaciable, ninfómana y entregada a las
más perversas prácticas sexuales han contribuido a tejer la historia sobre un
estrecho romance entre nuestro héroe y la zarina rusa.
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Pero
el historiador ruso Moisei Alperovich ha publicado una obra titulada “Francisco
de Miranda y Rusia”, en la que trata de demostrar que tal idilio no existió.
Alperovich para corroborar su tesis realizó un gran trabajo de investigación. Reviso
todos los archivos de Miranda, levantó documentos en Moscú, San Petersburgo,
Viena y otras capitales europeas para concluir que “las innumerables aventuras
amorosas de Miranda, realmente, se reflejaron de modo muy completo en las
páginas de sus diarios, en extremo pormenorizado, con detalles picantes,
describiendo, vínculos incidentales con sirvientas, rameras y demás nobles de
familias distinguidas. El examen minucioso del diario de Miranda demuestra que
no existe indicación o insinuación sobre un romance con Catalina, por lo tanto,
la creencia en el mismo no tiene fundamento profundo”.
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Alperovich tiene razón, pero ese rumor
repetido tantas veces casi se ha convertido en una verdad.