LA MISIÓN SUCRE DEBERÍA LLAMARSE MISIÓN PÁEZ
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
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La
Misión Sucre tiene por finalidad facilitar el acceso a la educación
universitaria. Eso lo dice el decreto
emitido por el Gobierno nacional en el 2003.
Está
dirigida, en primer lugar, a aquellos que no tuvieron la oportunidad a su
debido tiempo, generalmente por razones económicas. Eso lo constaté cuando fui
profesor de la Misión en San Juan de los Morros. Todos
mis alumnos eran gente adulta, muy
buenas personas y muy trabajadoras. Con ellos entablé una gran amistad. En cada
clase les hablaba de la autobiografía de Ernesto Luis Rodríguez, cuyo nombre
es muy elocuente:Nunca es tarde.
Ellos
aprendieron de mí muchas cosas y yo aprendí, también, muchas cosas de ellos.
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Ahora
bien, Antonio Jose de Sucre, proveniente de una clase acomodada, tuvo recursos para
estudiar ingeniería militar, hacer carrera en el medio castrense hasta
alcanzar los grandes éxitos que todos conocemos.
No
pasó lo mismo con José Antonio Páez, quien después de adulto aprendió a leer y
escribir; estudió idiomas; hizo traducciones del inglés y del francés al
español; amó la pintura; compuso poemas y canciones; tocó el piano y el violín;
organizó veladas de fandango animadas con su propia voz de barítono; montó obras
de teatro (una vez hizo el papel de Otelo); leyó al revés y al derecho El
Quijote, la obra más exquisita y sublime del castellano; y escribió ese
maravilloso libro sobre su vida, devenido en documento indispensable para
estudiar nuestra Historia Patria.
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Es decir, Páez obtuvo su educación superior
por sus propios medios y esfuerzos cuando ya no era joven. La guerra fue su
universidad. El propio autodidacta, pues.
Es por eso que considero que la Misión Sucre
debería llamarse Misión Páez. Sin ningún ánimo de disminuir los méritos del Gran
Mariscal.
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