CRONISTA OFICIAL DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

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LAS MERCEDES

viernes, 27 de marzo de 2026

FRANCISCO DE MIRANDA EN MOSCÚ.

 

FRANCISCO DE MIRANDA EN MOSCÚ.

 

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

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Según el historiador soviético Grugulevich (conocido también como Lavretski, y a quien tuve el honor de conocer), en los diarios de Francisco de Miranda está reflejada su visita a Moscú en el siglo XVIII. Miranda visitó Rusia desde el 7 de octubre de 1786 hasta el 6 de septiembre de 1787, y en todo ese tiempo llevó un minucioso diario. El mismo Precursor de la independencia americana confiesa que escribía todo el día hasta la medianoche. En ese tiempo llenaba   ocho pliegos. El diario le sirve para  registrar pormenorizadamente todo lo que ve, desde personas hasta instituciones.

 

 

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Miranda hace su entrada a  Moscú a las nueve de la noche del 11 de mayo de 1787: “En fin, por sendas intransitables y desnucaderos, aunque el camino aquí no es tan malo como el anterior, avistamos la gran ciudad de Moscú —32 verstas— cuya meseta de palacios, jardines y chozas todo junto, le da alguna similitud con Constantinopla. Sobre el camino hay varias casas de campo muy bien situadas, con abundancia de árboles, alamedas alrededor, y las cercanías de la ciudad por todas partes parecen sumamente agradables y pintorescas. ¡Cómo estas gentes, que están obligadas a consumir tanta leña, han podido preservar tantísimos bosques, es cosa que no entiendo!

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 El 13 de mayo Miranda está visitando el monasterio de Novodievich. Este convento era solo de monjas y fue construido en  1524; actualmente es un museo con exposiciones pictóricas y de arte ruso de carácter religioso de los siglos XVI y  XVII,y está ubicado cerca de la estación del metro Sportivnaya. Al lado se encuentra el cementerio del mismo nombre (antes estaba cerrado al público durante el Poder soviético y ahora es de entrada libre).

 

 

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Luego Miranda, el 14 de mayo, se dirige a la Plaza Roja y entra en el Kremlin. Allí le mostraron  las catedrales, las tumbas de los zares, la campana gigante, el zar cañón, la armería, etc.; de la misma manera como en la actualidad se los muestran a los turistas. Al  visitar el Hospital de Catalina o de oficiales, destaca que  es para inválidos enfermos y que están bien asistidos con apartamentos separados para las mujeres y para los locos. Los califica de bien aseados, con buenas camas y con solo ocho pacientes por habitación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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